Todo el mundo ha venido creyendo, a través de los años, que el desarrollo científico, social, y cultural de una zona determinada se encuentra atada a la ubicación de la misma, dentro de la región objeto de estudio, desconociendo quizás la desigualdad de condiciones, que en cierta medida imposibilitan el desarrollo y puesta en marcha de proyectos científicos que mejoren el aspecto administrativo en cada uno de los entes que conforman el entorno al interior del país.

No obstante, se ve con gran preocupación que las entidades educativas e incluso algunos docentes se muestran negativos frente a la posibilidad de dar un espacio a la investigación, bien sea por dificultades de tiempo o por falta de beneficios presupuestales que garanticen la ejecución óptima de sus propuestas.

En este sentido, se hace necesario crear una conciencia o sentido de pertenencia no solo por parte de quienes desean investigar, sino por las entidades gubernamentales, privadas y académicas, que maximicen la realización de investigaciones que para el caso particular del presente escrito, se enfoquen en el ámbito administrativo; donde se reconozca el hecho que en toda conformación de grupos de individuos debe existir alguien que tome las riendas del bienestar comunitario, velando así por el cumplimiento casi total de las peticiones hechas por los integrantes de dichos grupos, dando con ello una pronta solución a los mismos y mejorando así las condiciones de aprendizaje y generación de conocimientos dentro del grupo.

Es entonces, como la investigación debe enmarcarse dentro de los objetivos y lineamientos de una política institucional de ciencia y tecnología, orientada a la difusión de una cultura investigativa y a la formación de personas identificadas con su entorno, con derechos y responsabilidades ante su comunidad, sin detrimento a su calidad comunicativa y de generación de conocimientos.

Vale resaltar el hecho tradicional al interior de nuestro país, de ver al docente investigador como fuente principal en el conocimiento al interior de las instituciones, hecho que ha formado un supuesto que condiciona al investigador en función de sus resultados, que de no ser los esperados por quienes conforman las partes dirigentes de una institución y más aún, por parte de quienes responden por los recursos que patrocinan tales investigaciones, son los investigadores quienes se ven sacrificados por el hecho de no reflejar en su entorno lo que estos en su momento desearon transmitir. Sin embargo, diversas conjeturas han hecho reconocer a los entes gubernamentales y académicos, que la financiación investigativa por si sola no es causal de aprendizaje y creación concreta de conocimientos, sino que requiere de elementos complementarios donde la voluntad de quien investiga y el acompañamiento por parte de los entes participantes, al tiempo que se aprovechen de manera adecuada los recursos del sistema y sus determinantes valorativas, hacen de la labor científica un enfoque “proceso – producto” a través del aprendizaje por descubrimiento, auto dirigido, donde la investigación sea causal de la producción de nuevos conocimientos, mientras que la labor complementaria del ente estatal y académico se refleje en la aplicación práctica de los mismos al interior de la comunidad, la financiación propia de los procesos investigativos y la dinamización de estrategias que fomenten y estimulen la creación de contenidos que amplíen los horizontes de la cultura investigativa.

Es entonces, como atendiendo la necesidad que aviva en gran parte de las instituciones educativas en nuestro país, y más aún, en aquellos lugares donde la asistencia, promoción y financiamiento de la investigación se encuentran definidas a un segundo plano y peor aún, la adaptación de estos a los currículos que integran la enseñanza al interior de sus aulas es casi nula por el hecho de no contar con los recursos físicos, o económicos, genera que las metodologías tradicionalistas se conviertan en la única salida hacia el conocimiento práctico de los investigadores que allí convergen, en este sentido, muchos entes educativos se abstienen de aplicar estrategias metodológicas que mejoren las condiciones de acceso científico a este grupo de personas, limitando con ello la creación de nuevos ambientes de aprendizaje en sentido propio por pensar que el hecho de difundir y aplicar metodologías tanto académicas como valorativas sin promover mecanismos de participación que conlleven a la consecución de recursos financieros que viabilicen la ejecución de las propuestas investigativas, tan solo servirán de cortina ante una sociedad discriminatoria, donde las estrategias aplicadas a este nuevo currículo fundado en la heterogeneidad de los fundamentos de enseñanza e investigación, no serán causales de un mejor rendimiento científico al interior del aula pues sería imposible suponer que todos los alumnos puedan practicar estas nuevas técnicas al tiempo, cuando solo se cuenta con un presupuesto limitado para atender cada una de las propuestas.

Así bien, lo que se propone es crear conciencia del “si poder” donde el empleo de una propuesta metodológica enfocada principalmente en la construcción de herramientas de aprendizaje, evaluadoras y de financiamiento que atiendan la necesidad de investigación, y la adaptación de estos a un sistema curricular apto para la enseñanza que incentive la investigación, logre que todos al unísono puedan establecer una cultura científica que permita poner en práctica los conocimientos obtenidos al tiempo que se funda un ambiente de integración propenso a la creación de mejores experiencias tanto para investigadores como para los entes gubernamentales y privados encargados de su financiación, quienes a partir de allí no solo sentirán más apego por el desarrollo de futuras investigaciones, sino por asistir a la realización de las mismas, mitigando con ello el tan afamado efecto de deserción científica que afronta nuestro país.

Atendiendo la parte final del párrafo anterior, es de reconocerse un entorno real que no es ajeno a nuestro país, donde la constante apatía por parte de los docentes en relación al desarrollo de investigaciones, quizás por temor a sentirse mitigados en su labor por las mismas, hace que la labor científica tradicional se aleje poco a poco de las actuales necesidades y expectativas de aprendizaje manifiestas por el entorno, donde el uso de una información equitativa y accesible a cualquier tipo de investigador, acompañado de un buen patrocinio que permita llevar a cabo cada uno de los estudios a lo largo del proceso, se ha convertido en un “mal necesario” si se propende por mejorar los niveles comunicativos entre agentes del entorno científico. No obstante lo importante radica no, en la simple inclusión de los sistemas de financiación, sino en la comprensión real por parte de los entes gubernamentales y privados, de la necesidad latente por crear nuevos ambientes de conocimiento sin permitirse caer erróneamente en la instrucción pasiva donde los conocimientos previos y los métodos tradicionalistas sean la única fuente de información, sino que por el contrario, se conviertan en una herramienta complementaria a las metodologías tradicionales de investigación.

En materia, se hace necesario para los directivos y docentes, hallar una manera práctica y efectiva de lograr una integración óptima entre los nuevos ambientes de aprendizaje y las asignaturas curriculares, donde el trabajo por proyectos permita desarrollar estrategias pedagógicas que involucren asignaturas como la informática, las  matemáticas, el lenguaje, las ciencias sociales, las ciencias naturales, las ciencias económicas, entre otras; y consientan una forma de reducir el tiempo necesario para desarrollar experiencias de aprendizaje conjuntas, donde la aplicación adecuada y oportuna de dichas estrategias junto con la valoración y el financiamiento pertinente de las mismas, permita alcanzar los objetivos de aprendizaje establecidos en cada una de las investigaciones propuestas, reduciendo al máximo los trámites administrativos para la realización de investigaciones, hecho que actualmente restringe el desarrollo pleno y práctico del quehacer científico en nuestro país.

En este sentido, es de considerarse la conformación de ambientes de aprendizaje propicios para la creación de nuevos conocimientos, donde la conveniencia, o intención de los docentes a nivel pedagógico, didáctico y evaluativo logren hacer encaje con los intereses y posibilidades de financiamiento en un marco de planificación, que permita establecer reglas de acción de manera clara para que se cumpla entonces, una relación fructífera entre investigadores y patrocinadores, donde la buena comunicación y una sincronía de trabajo entre estos, permita llevar a cabo los procesos de aprendizaje y construcción de conocimiento previstos al inicio de cada periodo investigativo; estimulando con ello la producción de textos o ponencias que sean factibles de publicar, hecho que incentiva aún más las fauces de conocimiento entre quienes promueven el desarrollo intelectual al interior de la sociedad.

Una parte esencial de esta sincronía investigativa y financiera consiste en el entrenamiento metodológico a los integrantes de la comunidad científica mediante actos de estímulo como puntos en el escalafón docente, premios a la producción de textos, facilidades en la publicación de artículos, el fomento de la investigación a través de tutorías de grupos por proyectos, la redacción de su propio portafolio de investigación, y otros hechos que promuevan una reflexión sobre la teoría a partir del desarrollo de la práctica. En este sentido, se podría plantear que el desarrollo científico… podría asimilarse a la aptitud o capacidad efectiva para enfrentar con relativa eficiencia los grandes desafíos y problemas críticos que cada momento histórico le plantea, y satisfacer en una forma autogenerada y sostenida las necesidades materiales básicas tanto colectivas como individuales.

Así bien, el nacimiento del paradigma del procesamiento de la información en esta tipología de grupos de investigación se presenta como un marco conceptual apropiado para analizar las estrategias y los procesos del conocimiento, más allá de la mera interpretación de los factores que emergen de un simple análisis. Esta línea de trabajo supone entonces, un cambio en la concepción de la trasmisión de recursos, pues pone su énfasis en la estructura de juicios financieros y sus procesos de acceso y recuperación, más que en los procesos cognitivos generales que conlleven a desestimar el trabajo científico por su falta de reconocimiento.

En virtud a ello, surge un nuevo problema a solucionar, y es el relacionado con la incidencia de la acelerada producción de conocimientos y el avance de los procesos de comunicación ante un incremento de alumnos a preparar bajo tales condiciones, y la necesidad de contar con profesores bien capacitados para el tratamiento de dichos alumnos; lo cual a criterio personal no ha permitido el cumplimiento satisfactorio de los objetivos trazados en los planes y programas de estudio para dar respuesta a las necesidades que plantea el desarrollo político, económico y social del país en términos científicos y de generación investigativa de conocimientos.

En este sentido, no seguirá siendo factible continuar utilizando los mismos métodos de enseñanza para el desarrollo de las disciplinas ni la utilización de los mismos instrumentos para medir su desempeño, al ser creadas nuevas situaciones consustanciales al proceso teniendo en cuenta el cumplimiento del rol social que le corresponde en la formación de sus alumnos en sentido propio de la investigación.

Así bien, una vez tanto las instituciones gubernamentales como privadas y la academia, acepten la necesidad imperiosa de adaptar sus métodos investigativos en función de la heterogeneidad de conocimientos y dejen de considerar que las formas de hacer investigación son homogéneas no solo a nivel intelectual sino en la medida en cómo estos tienen mejores resultados al momento de ser evaluados; será cuando verdaderamente se empiece a hablar de una investigación humanista que valore a cada individuo por separado y se convierta en guía y pauta de conducta, que al ser asimilada libremente tanto por quien investiga como por las entes que patrocinan tales quehaceres científicos, permita definir en estos unos objetivos de acción, a la vez que ayuden a adaptarse a las necesidades de conocimiento propias de cada comunidad; las instituciones formativas deben ayudar entonces, a construir criterios para tomar decisiones correctas y orientar la vida investigativa, al tiempo que facilitar el proceso de desarrollo y adquisición de las capacidades para sentir, pensar y actuar de cada uno de los individuos que conforman el alumnado en función a la generación de una adecuada cultura científica.

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CALDERON, H. Gregorio; ARUBLA, Z. Juan Pablo. La investigación de la administración en Colombia (ASCOLSA). Cap. 5.

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